Cerré los ojos y abracé el silencio. La oscuridad me envolvía mientras yacía tendido en la cama de mi departamento vacío. La mesa del comedor, sepultada bajo una montaña de boletas impagas, era el único testigo de mis días arrastrados. En mi mente, una imagen persistía con una cruel nitidez: su rostro torciéndose en una mueca de decepción. Me había preparado para una negativa, o eso creía. Pero no estaba listo para ese gesto. No de ella. No después de todo. Quise salir corriendo de la cafetería, desaparecer entre el bullicio, desvanecerme. No era solo su rechazo: llevaba tres meses sin empleo, y cada entrevista fallida era un clavo más en el ataúd de mi autoestima. Sentía que era una decepción para todos, incluso para mí mismo. Y en esa rendición, me dejé llevar por una luz. Una luz cálida y brillante, como un susurro que emergía del centro de mi pecho. Allí, guardado como un relicario sellado, latía un secreto. Un deseo. Un sueño que apenas me había atrevido a nombrar. Cuando abrí los ojos, ya no estaba en mi cuarto. Estaba de rodillas ante una mujer de belleza sobrenatural. Una sacerdotisa envuelta en sedas pálidas, con ojos dorados que no solo me miraban, sino que me veían. Veían todo. —Mi nombre es Drusila, sacerdotisa de Venus —dijo, con voz de terciopelo y poder antiguo—. Veo tu dolor, pequeño Claudio... pero también veo tu verdadero ser. Se inclinó sobre mí y acarició mi frente con un dedo perfumado de mirra e incienso. Sentí la calidez de su tacto como si pudiera atravesar mi carne y tocar el alma que había mantenido oculta durante tanto tiempo. —Deja que tu cuerpo revele la verdad que has temido mostrar —susurró—. Permite que tu sangre mute tu carne, y que ésta se moldee…
Глава 1: El Despertar de la Cortesana
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