Chapter 1: Chapter 1

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CARTAFILO

¡Imposible! Una notificación de emergencia.

-AIr-N no se equivoca, me dije, nunca se equivoca.

En ese momento no sabía qué era peor: tener que reunirme con aquella mujer o reconocer que realmente AIr-N reportaba una anomalía.

Era la primera vez que nos mirábamos directamente a los ojos, mucho más tiempo de lo que solía acostumbrarse. Ninguno recibió una notificación por ello; la situación lo ameritaba.

  • ¿Cuál es la anomalía? Preguntó Ji a AIr-N, en español, y con una autoridad que para mí era una completa falta de respeto.

-Jiguang detectó una “singularidad”, contestó AIr-N.

-No comprendo, aseguró Ji, mirándome con extrañeza.

  • ¡¿Singularidad?! Exclamé, intentando no quedar al margen de la conversación.

-Jiguang, continuó AIr-N, detectó la aparición simultánea de 15 puntos de referencia en diferentes partes del planeta. Todos presentan, exactamente, el mismo patrón de locomoción.

-Es absurdo, aseguró Ji, arrugando la frente. Sus ojos se ocultaron, casi por completo, detrás de la delgada línea que separaba sus párpados.

  • ¿Qué ha registrado GNP XI? Preguntamos al mismo tiempo.

-Es información restringida. Contestó AIr-N

Ji pronunció algo ininteligible, quizá una orden en un lenguaje de interacción para mí inaccesible.

-GNP XI evidencia que todos los puntos emergentes llevan el mismo rostro.

  • ¿Alguna máscara? Preguntó Ji.

-No. Respondió AIr-N, categóricamente. El mismo rostro, el mismo patrón de locomoción, la misma persona, distintos lugares.

Permanecimos en silencio, un silencio denso, eterno.

-Proyecta el rostro, ordenó Ji. Por primera vez sentí que su voz se quebraba.

Bastó un segundo para que quitáramos la mirada.

¡Esos ojos!, ¡esos ojos!

  • ¿Qué es? Preguntamos con esfuerzo, casi entre dientes.

-No hay registros actuales. Literalmente, apareció de la nada. Indicó AIr-N. Sin embargo, los rasgos faciales escaneados por GNP XI se correlacionan, con asombrosa exactitud, a los encontrados en algunos registros pictóricos medievales y en una miríada de fotografías de los Siglos XIX y XX.

  • ¿De qué hablas? Pregunté a AIr-N.

-De Historia, contestó Ji.

  • ¿De qué? Exclamé toralmente confundido.

-Olvídalo, sugirió Ji, no lo entenderías.

Me sentí mareado. Intenté preguntar algo, pero se me hizo un nudo en la garganta.

  • ¿Algún otro dato? Preguntó Ji.

AIr-N demoró para responder, como si dudara.

¿Por qué demoras? Reclamé, más que una exigencia, era una súplica.

Me sudaban las manos. Una notificación de AIr-N me sugería inspirar, sostener y exhalar en ciclos de seis segundos.

-Me veo en la necesidad de recurrir a archivos previos al Programa de Normalización Global. Explicó AIr-N.

Nada entendía yo de lo que estaba pasando. Nada, en absoluto.

-Adelante, ordenó Ji, recobrando la postura.

-Se trata de Cartafilo.

  • ¿Quién?

-Dame un aporte, algo relevante. Exigió Ji, intentando restarle importancia al dato.

-Muchos registros coinciden, continuó AIr-N, en que aparecía en vísperas de las guerras.

-Es extraño que uses ese lenguaje. Señaló Ji.

-No encuentro otro recurso para explicar lo que interpreto de aquellos archivos. Respondió AIr-N.

-Dame algo pragmáticamente importante, insistió Ji con vehemencia, no entres en detalles.

-La probabilidad de que se desate una guerra en los próximos días es cero.

-Entendido, culminó Ji, ordenando a AIr-N adoptar una función hermenéutica permanente. Cuando tengas algo concreto lo notificarás inmediatamente a las centrales autorizadas.

Nos retiramos sin despedirnos, como de costumbre. El auto de la corporación me dejó en la unidad residencial, entré al apartamento, me desvestí y tomé una ducha. Más tarde bebí un poco de agua caliente al borde un sillón de la sala.

No recuerdo haberme quedado dormido. Sentí una mano en mi hombro. Levanté la mirada y vi sus ojos en el espejo.

-Eres tu.

-Sí, respondió Cartafilo. No temas, José, me dijo… la vida siempre ha estado más allá de este mundo.

Aquella tarde caminamos sin rumbo fijo hasta bien entrada la noche.

Al despertar, AIr-N no reportaba trastornos del sueño, apneas, o alteraciones oníricas anormales.

-Buenos días, saludé a la empelada del servicio, viéndola por primera vez en veinte años a la cara.

-Buenos días me devolvió la sonrisa, con timidez.

-Buenos días, saludé también al entrar a la corporación sin que nadie respondiera, sin que recibiera de AIr-N una sola notificación.

No me importó. Los pies aún me dolían.